21 de agosto de 2009

JAQUELINE SABURIDO. NO MANEJES ALCOHOLIZADO.

Jacqui y su padre, su "ángel" como suele llamarlo
 
TRANSPLANTE TOTAL DE CARA
La candidata


Jacqueline Saburido quedó desfigurada por el fuego tras un accidente en auto. La operaron más de 50 veces. Y ahora espera la primera cirugía facial completa. En Internet, todos la apoyan.
Reggie Stephey, quien conducía alcoholizado la noche del siniestro

Los chicos siempre la miran ; algunos le preguntan a su mamá qué le sucedió, otros se asustan, otros se esconden; y están los que le dicen, con inocencia, "monstruo" en voz baja. Jacqueline Saburido los escucha resignada y se pregunta, si volverá a ser normal, si podrá ser independiente y, sobre todo, por qué le tocó vivir esto a ella. Todos los días, desde la fatídica mañana del 19 de septiembre de 1999 debe decidir si se queda en la cama o se levanta para continuar con su gran batalla. "Tú eliges", se dice a sí misma, y se levanta.


Jacqueline Saburido es una joven venezolana que viajó a Austin, Texas (Estados Unidos) para estudiar inglés. Tenía 20 años. Un mes después de su llegada, cuando regresaba a su casa en auto con amigos, luego de un cumpleaños, un conductor borracho provocó un accidente que le causó la muerte a dos de sus acompañantes, heridas a otros dos y quemaduras gravísimas a ella, que la desfiguraron por completo.

Reggie Stephey fue multado con $20.000 dólares y sentenciado a siete años de cárcel. Actualmente cumple su condena. Tras más de 50 operaciones a las que debió someterse, Jacqueline espera la posibilidad del trasplante total de cara. Esta es la historia de "La candidata" más mediática y querida por los internautas para cambiar su vida gracias al avance, inimaginable hasta hace poco, de la ciencia.

Persiguiendo la esperanza (Chasing Hope)



Así se titula el texto publicado por el periódico local Austin American Statesman que recopila todo lo vivido por Jacqueline Saburido y su familia y que puede bajarse de su página web Help Jacqui. 

El día del accidente Jacqui iba en el asiento del acompañante con su cinturón de seguridad puesto. El choque fue frontal y en sólo cuestión de segundos el auto empezó a incendiarse en la parte delantera. Reggie Stephey, el conductor del otro auto, resultó ileso gracias al airbag.  

El análisis de alcoholemia le dio 0.13 cuando el máximo permitido es de 0.8. El fue quien llamó al 911, pero dos paramédicos, que de casualidad pasaban por el lugar, empezaron a asistir a las víctimas .

Pero pronto el fuego en el interior del auto se reavivó. Y Jacqueline aún estaba ahí. Aunque uno de los socorristas hizo todo para rescatarla, pero el fuego le alcanzó la cara. Ella intentó protegerse con las manos. Llegaron los bomberos y apagaron el fuego. 

Jacqui no se movía, era una "silueta negra". "Gracias a Dios está muerta", dijo el paramédico, pero su compañero se acercó y le tomó el pulso: era muy débil pero ahí estaba. 
Un helicóptero, corridas en la unidad de quemados en el University of Texas Medical Branch, llamados a Caracas para que viajen sus padres de urgencia y Jacqueline debatiéndose entre la vida y la muerte, entre momentos de conciencia y estados de shock.

Sufrió quemaduras de tercer grado en el 60% de su cuerpo y lo peor le tocó a su cara, manos, muslos, parte de la espalda y la zona abajo de las rodillas. Su enfermera, Rachel Goodheart, con 10 años de experiencia, confesó que "nunca vio que alguien sobreviviera a semejantes lesiones".

 "Su cara no existía. No había ninguna parte de su cuerpo por la cual pudiera reconocerla excepto los pies", recordó Amadeo, su padre, cuando la vio por primera vez después del accidente. Y dice que le dijo a su ex esposa: "Rosalia prepárate, nuestra hija es como un monstruo".

Los médicos hicieron hasta casi lo imposible . Arreglaron fracturas en un brazo, una pierna y una mano. Batallaron contra infecciones y fiebre altísimas. Probaron con autoinjertos y piel de donante cadavérico. Incluso apelaron a las sanguijuelas (leeches) para ayudar a reestablecer la circulación sanguínea. Hoy Jacqueline ya no tiene cabello, perdió la nariz, los labios y la oreja derecha, recibió un trasplante de córnea y le amputaron parte de los dedos de las manos. "Yo sé que no voy a volver a ser la misma pero quiero recuperarme todo lo que sea posible", afirma.

Una oportunidad: Trasplante total de cara

Circula desde hace tiempo en Internet un mail que alerta sobre los peligros de manejar luego de haber bebido alcohol. Es por eso que muchos conocen parte de la historia de Jacqueline y su nueva esperanza: el trasplante total de cara (y del cuero cabelludo), que puede requerir piel, tejido adiposo, músculo, nervios e incluso hueso .


Los médicos han intentado reconstruir los párpados, la nariz, la boca y el cuello de Jacqui. "Pero si puedo hacerme un trasplante de cara sería maravilloso, todo depende de cuánto de positivo o cuánto de negativo tenga", explicó Jacqueline .

Sumado a la reconstrucción de su rostro, Jacqueline tiene la esperanza de reconstruir su vida, casarse, tener hijos, cosas que el trasplante le facilitaría al permitirle llevar una vida social normal. "Espero que esto suceda pronto, porque la vida es ahora", destacó.

Jacqui es una de las 20 personas más desfiguradas que se han acercado al Royal Free Hospital de Londres (Inglaterra) para realizarse la primera operación de trasplante total de cara. Es que a fines del año pasado, el equipo médico de ése hospital coordinado por el doctor Peter Butler, obtuvo el permiso para llevar a cabo "dentro de unos meses" la primera cirugía de este tipo en el mundo.

Según Butler, Jacqui se contactó con él para pedirle ayuda. "Es exactamente la clase de persona que realmente quisiera ayudar, si fuera posible", dijo el especialista.

Pero lamentablemente, el equipo deberá seleccionar a cuatro pacientes del Reino Unido o Irlanda, con lo cual Jacqui queda excluida. Sin embargo no todo está perdido: ella también fue entrevistada por el doctor John Barker, jefe de un equipo en Louisville, Kentucky (EE.UU), que también está esperando realizar la primera operación. Los psicólogos allí la han aprobado.

Ellos buscaban a alguien que se haya adaptado bien al cambio de estar desfigurado y a las muchas operaciones posteriores, porque esto indicaría que podría hacer frente mejor a una cara nueva (no la original) o a su reemplazo altamente marcado por una cicatriz. Cuando le dijeron que este tipo de cirugía era una posibilidad real, Jacqui dijo: "La quiero ya. Nadie desea ser fea y para mí cada día es duro, porque siempre que veo una cara hermosa, o una piel suave, recuerdo la que tenía".

De hacerse la cirugía , Jacqui debería tomar de por vida una medicación para prevenir que su cuerpo rechace el nuevo tejido, cuyos efectos secundarios incluyen un riesgo más alto de padecer cáncer y la diabetes.

Existe también la posibilidad de que a pesar de las drogas, la cara nueva sea rechazada, por lo que Jacqui debería pasar operaciones difíciles de injerto de piel. Pero mientras espera, su tratamiento médico continúa . Jacqui y su padre -"Un ángel", como lo define, porque nunca se fue de su lado desde que ocurrió el choque-, viven en Miami, Florida (EE.UU.), donde los especialistas están trabajando con Jacqueline para restaurarle la visión y las manos. 

En 2003 Jacqui terminó sus estudios intensivos de inglés. También participa de la campaña "Don't Drink & Drive" en Texas (EE.UU) con la esperanza de que su experiencia persuada a la gente para de manejar alcoholizado. "Me siento muy bien al hacerlo, porque sé que la gente puede entender un poco más qué me sucedió y por qué mi vida cambió totalmente. Lo pienso tanto para mí como para todos: es una buena oportunidad", asegura Jacqui.

Fuente: Clarín

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