21 de septiembre de 2010


"LOS PADRES SE HAN CONVERTIDO EN COMPRADORES DEL CARIÑO DE SUS HIJOS"

Por Albertina Marquestau albertinam@lacapitalmdq.com.ar
La siguiente entrevista a Sergio Sinay fue publicada en el diario La Capital, de Mar del Plata, el 24 de agosto de 2008


-¿Es difícil ser padre hoy?

- Ser padres siempre es difícil y siempre es hermoso. El problema que yo veo hoy es que parece que hay temor a ser padre. Que los padres están como desertando del lugar de la maternidad y paternidad entendidos como funciones educadoras.


Porque yo creo que los que educan de verdad son los padres, no la escuela. Es más, considero que es un error llamar Ministerio de Educación al que se encarga de la enseñanza, porque debería ser Ministerio de Enseñanza. Porque desde mi punto de vista educar es transmitir valores, transferir modelos de una vida con sentido, transmitir patrones de vínculos reales de persona a persona. Cuando uno transmite eso a sus hijos, los está educando. Cuando no les transmite eso, también los está educando.


Si vamos a 160 km en la ruta cuando la máxima es 120 y sin cinturón de seguridad, hablando por celular, estamos educando a nuestro hijo porque con esta actitud estamos diciendo: las leyes no están para cumplirse, las reglas cuando te estorben pasalas por arriba, exigí que a los otros sí pero a vos no. Entonces hay padres que cuando llevan a su hijo a la escuela en un viaje de 10 minutos, están dándoles 10 de educación.

Cuando conversan los padres en la mesa, según cómo hablan de las personas o según cómo se están tratando entre ellos, también los están educando. Un chico que entra al colegio ya tiene 4 años de educación. Entonces lo que hace la escuela es instrumentar, informar, socializar, lo que es importantísimo pero la educación es parte de los padres. No hay forma de transmitir valores que no sea viviendo los valores que uno quiere transmitir.

Yo le puedo hablar a mi hijo de valores todo el día, pero si cuando estoy diciendo esto suena el teléfono y le digo atendé, pero si es para mí decí que no estoy, cuando él vuelva a sentarse todo lo que yo diga de ahí en adelante perdió su valor. Yo soy un simple versero que estaba diciendo un discurso vacío. Si yo vivo de acuerdo a los valores que le quiero transmitir a mi hijo, tengo que hablar menos de ellos. Ahora yo tengo que vivir con esos valores no sólo cuando mi hijo me ve, sino también cuando no me ve. A mí me parece que de todo esto los padres están desertando hoy.


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¿Por todo eso es que no quieren ser padres?

-No quieren ser padres por muchas cosas. Una es que hay en nuestra sociedad una valorización absurda, injustificada de lo nuevo y lo joven. Parece que ser joven es un valor en sí mismo y lo nuevo también. Los adultos no quieren envejecer entonces vivimos en una sociedad de adultos inmaduros que son eternos adolescentes. Y se siguen comportando como tales.

¿Qué quieren hacer los padres con sus hijos en general? Quieren hacerse amigos de sus hijos. Está muy en boga esta idea de que un padre tiene que ser un amigo y la verdad es que no tienen que ser amigos de sus hijos. Primero, porque se están perdiendo una cosa maravillosa que es ser padre. Porque tanto el hijo como el padre y la madre pueden tener muchos amigos, pero ese hijo es único, y padre y madre hay uno solo. Por otro lado eso es emparejar una relación que no es pareja y no puede serlo. La relación entre padres e hijos es asimétrica, muy valiosa y significativa que se tiende a romper cuando se quiere emparejar. Hay una sola forma de emparejar el vínculo con los hijos que es hacia abajo y nunca hacia arriba.

Los chicos no pueden saltarse etapas evolutivas, entonces son los padres los que vuelven sobre sus pasos y se adolescentizan permanentemente. Como adolescentes, los padres no quieren responsabilidades y la verdad es que un hijo es una responsabilidad enorme a la que no se puede dejar de responder.

La palabra responsabilidad significa responder con hechos a las consecuencias de nuestros actos. La creación de una vida es el acto más maravilloso y singular que existe. Y la relación entre padres e hijos es el único de todos los vínculos humanos donde para que el vínculo pueda existir, uno de los vinculados tiene que crearlo al otro. Las relaciones de pareja, de amistad, todas se dan entre personas que están en el mundo. Incluso como hijo yo llego y mis padres ya están. Entonces qué pasa, hay que responsabilizarse de eso. Yo escucho que hay muchos padres que dicen: yo también tengo una vida.


El tiempo


-La figura de ese padre ocupado, que compite con los hijos, ¿no está muy exacerbada hoy?

-Ese padre no quiere que sus hijos le quiten tiempo de sus cosas. Es el que se enoja cuando su escuela lo convoca a una reunión y dice: yo no tengo tiempo, tengo que trabajar. Pero antes de trabajar hay que criar. Y la pregunta que surge es: ¿qué le voy a dar a mi hijo sino trabajo? Presencia.
También una mirada, porque lo peor que le puede pasar a un ser humano es la indiferencia. entonces hay muchos padres que cuando tienen que decidir cuál es la variable sacrificable, siempre es el hijo. Y yo creo que si se animaran, se darían cuenta que sí se puede y que eso agradecen después los hijos. Agradecen la presencia, como los límites, que es un tema fundamental. Sobre todo en Argentina, donde los adultos tampoco reconocen límites.

Un país donde todos reclamamos nuestros derechos y escapamos de nuestros deberes. Un deber es un límite, nos está recordando que algo tenemos que hacer, que tenemos que elegir. Cuando los padres ponen límites a sus hijos, los están ayudando a ser personas libres aunque parezca paradójico.
¿Por qué? Porque si a mí me ponen un límite, si yo no puedo todo todo el tiempo, si mis deseos no son órdenes y tampoco son derechos, tengo que elegir para tener lo que voy a tener o tengo que aprender a manejarme también con la frustración y la imposibilidad, que son partes naturales de la vida. Pero cuando un chico nunca tiene un límite, la vida se los va a poner y no va a estar preparado para elegir y no sabe qué quiere. Porque cuando a mí me ponen un límite yo tengo que decir: no puedo todo. Con el límite me están ayudando a que yo me convierta en un adulto autónomo con capacidad de elección y por lo tanto, libre. Porque libre es el que sabe elegir ante la imposibilidad. El que no tiene ningún obstáculo no es libre, no está preparado para vivir solo.

-La queja generalizada de los padres es que la influencia de la televisión, la computadora, internet, los videojuegos, no colabora con la educación de sus hijos. . .¿Qué piensa al respecto?

-Claro, pero los que menos colaboran son los padres. Yo estoy de acuerdo con que la televisión no colabora, al igual que la computaodra y los contenidos de Internet.

Es mentira, pese a lo que digan los funcionarios y teóricos, que las nuevas tecnologías están ayudando a educar y son una herramienta valiosa. Teóricamente estoy de acuerdo. En la práctica me pegunto: ¿de qué sirve mandar computadoras a escuelas que no tienen luz?, ¿cómo están en la práctica ayudando a educar estas tecnologías si los celulares en las aulas se usan para interrumpir una clase, grabar una paliza y subirla a youtube?

Todavía no se ha demostrado cómo están colaborando en la educación real.
Es cierto que no ayudan los contenidos de Internet, que no ayuda la publicidad y es cierto que los chicos son la cabecera de playa de toda la industria del marketing que sabe que si le venden al chico, le venden al adulto.

Hay estudios hechos que en el supermercado el 25% del total del carrito fue decidido por el chico, ya sea la marca o el producto. Todo eso no ayuda porque todos esos canales están usufructuando a los chicos, lo están utilizando y no ayudan a los padres a dar valores. Pero los que tampoco ayudan son los padres, porque esas son las condiciones en las que hay que criar hoy. No puedo decir: como a mí no me ayudan la televisión o la escuela, no lo hago.

La escuela

-Los padres, ¿se desentienden de sus hijos para que los críe la escuela?

-Claro, que me los críe la escuela. Últimamente me ha tocado dar charlas a chicos del secundario y escucho a los chicos que dicen: nosotros queremos que nuestros padres están presentes. Tengo una carta de chicas de 13 años que dicen: nuestros padres nos dan libertades que no sabemos usar. Nosotros no queremos que nos den tantas libertades, sino que estén más con nosotros.

Entonces. . .los padres están transfiriendo a la escuela. Pero cuando ese padre le echa la culpa a la escuela, cuando va con su hijo a tomar el colegio y a protestar contra el profesor que le puso sanciones o lo aplazó, dónde queda el adulto. Cómo ese padre puede pretender después en la casa, ser el referente o el guía. ¿Él va a poner una norma o una regla? El hijo le va a decir que fue con él a romper las reglas y cuestionar la autoridad. Entonces frente a la escuela ya no hay un adulto que sea un interlocutor válido. Desapareció el padre como interlocutor válido, ahora el padre se convirtió en hijo también.

La escuela es una especie de mamá mala grande, y padre e hijo son el hermanito mayor y menor que van a protestar. Los dos son chicos pero quieren que la escuela se haga cargo de ellos. Una nena me escribió una cosa que me quedó grabada: nuestros padres nos tienen y después nos entregan para que nos críen otros. Y yo esto lo venía escribiendo de otra manera al decir: una cosa es tener un hijo que es un hecho biológico, pero a eso hay que darle un contenido, un significado, una trascendencia, y eso se le da con acciones. No es que, porque yo tuve a mi hijo, él me tiene que querer, respetar, hacerme caso o amarme si yo no lo amo, no lo guío y no le transmito valores, porque entonces tenemos nada más que una relación biológica. La responsabilidad es del adulto, de convertir esa relación en un vínculo trascendente de paternidad y maternidad. Para mí todos los factores que hoy confluyen para que los chicos estén creciendo con enormes dificultades y gritando síntomas acerca de lo que les pasa, está en los padres.

Yo sé que esto no es simpático pero hay que decirlo porque mucha gente les dice a los padres lo que quieren oir. Hay mucho discurso adulador y clientelista hacia los padres a veces desde la educación, la psicoterapia, la política. etc. Yo creo que están ausentes, en su gran mayoría. Por supuesto que hay honrosas excepciones, que no son pocas, pero son minoritarias y esos padres sufren mucho. Porque a lo mejor trabajando con mucha presencia, constancia y sacrificio para educar realmente a sus hijos en una dirección, muchas veces dudan.

-Sobre todo cuando los hijos cuestionan y dicen la frase: "Si a mi amigo el padre lo deja". . .Entonces se plantea la disyuntiva de qué hacer.

-Los padres se han convertido en compradores de cariño, quieren ser ídolos eternos de sus hijos y hasta cierta edad vos sos un ídolo para tu chico, la palabra de papá es sagrada, mamá es la más linda, etc. Pero llega un momento de la vida cuando él empieza a independizarse donde comienza la confrontación y no alcanza eso que antes mi papá me decía y yo le creía, porque ahora lo cuestiono.

Esto no es un problema porque ha pasado siempre y seguirá pasando porque es imposible crecer sin cuestionar. Se crece confrontando. El tema es que tiene que haber siempre alguien, y alguien que persista en su lugar y ponga reglas.

Cuando los chicos dicen: a mi amigo le compraron el celular, lo dejaron salir, etc. hay que decirles: andá a hablar con los padres de tu amigo y preguntales si ellos están dispuestos a criarte. Entonces ustedes los llevan esa misma tarde con su valija a la casa de su amigo y les dicen: mientras vivan en esta casa hay reglas que las ponen los adultos y se respetan.

Por supuesto que las reglas no basta con ponerlas porque muchos padres, que todavía tienen un resabio de un modelo muy rígido, ponen un límite pasa sacarse el problema de encima. Un padre tiene que poner el límite y quedarse. Ahí, con el hijo, porque ese límite que es funcional y válido a los 8 años, a los 10 ya no, y hay que cambiarlo. Entonces para cambiar el límite y poner uno nuevo, tengo que estar mirando a mi hijo, verlo crecer y ser un testigo cercano. Porque hay padres que ponen límites absurdos que no tienen nada que ver con la realidad del hijo o no poniéndole ninguno. Y ninguna de las dos situaciones soluciona nada, en los dos casos el hijo queda como huérfano.

No basta con tener vivos a tus padres, ni vivir con ellos en el mismo techo y que te compren lo que querés para no ser huérfano. Se puede ser huérfano con todo eso. Y no basta con tener hijos para ser padres. Si yo tengo un hijo no quiere decir que soy padre, sino que soy genitor. Ahora, padre me tengo que hacer. Hay una orfandad de no cumplimiento de las funciones que es mucho más trágica que la orfandad física.

1 comentario:

  1. Para hacerle un cuadrito a esta nota! Excelente.

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