17 de septiembre de 2009


 
LA VOZ DE SAN JUSTO -
ENTREVISTA AL DR. ESTEBAN GORRITI
(periodista María Cecilia Castagno)

1º) Además de la función que hoy cumple en la Secretaría gubernamental que coordina, usted gestó el grupo “Por nuestros queridos hijos” que lucha por prevenir accidentes. ¿Qué lo motivó a hacerlo?

La necesidad de darle a tantos chicos muertos por esta misma causa, una voz social que los represente tanto a los fines de honrar sus memorias, como para que ellas se constituyan en un factor de cambio de las condiciones que produjeron y siguen produciendo las tragedias de la nocturnidad en La Argentina.
Seguimos el ejemplo de la “Madres de Plaza de Mayo”, en el sentido de categorizar a nuestros hijos fallecidos tan violentamente (en accidentes de tránsito) como víctimas de un genocidio causado por la nefasta combinación de intereses económicos y ausencia cómplice del Estado. Como lo demuestra la historia contemporánea de nuestro país, las reformas políticas más necesarias las han promovido las víctimas de todo tipo de injusticias. Los cambios en ese terrorífico agujero negro que es la diversión nocturna, habremos de impulsarlos los afectados o no lo hará nadie.

2º) Siempre usted tuvo una postura crítica en cuanto a la responsabilidad del Estado en los siniestros viales protagonizados por jóvenes alcoholizados. ¿Por qué lo cree así?

La crisis del alcoholismo –que no es sólo juvenil- se cobra anualmente la vida de 35.000 personas: 30.000 por distintas patologías asociadas al alcoholismo y 5.000 en accidentes de tránsito, de los cuales 3.000 son jóvenes entre 15 y 25 años de edad. Es decir, que después del tabaquismo (60.000 muertos por año), es el segundo mayor problema sanitario de La Argentina.
Además, nuestra inseguridad vial tiene uno de los índices más altos del mundo, debido a falta de infraestructura y controles suficientes. Estos dos factores de riesgo social son cuestiones de Estado de máxima prioridad; sin embargo, los gobiernos pasan y no hacen nada al respecto. La mala calidad institucional que padecemos los lleva a ocuparse exclusivamente de asuntos menores, pero redituables económica o electoralmente. Operan para el corto plazo, sin visión estratégica.

3º) ¿Y que hay del rol de los padres?

Todo lo que ocurre en ámbitos públicos, como los locales de diversión nocturna y las rutas, es responsabilidad exclusiva y excluyente del Estado, por definición. La razón de ser del Estado es asegurar el orden público y la paz social.
Que haya permitido el crecimiento de un monstruoso aparato comercial de venta ilimitada de alcohol y drogas, que impone sus propias reglas de juego en cuanto a horarios y modalidades de funcionamiento a expensas de la salud y la vida de toda una generación juvenil, es una traición a los deberes más esenciales del Estado. En general, eso es lo que está ocurriendo con la nocturnidad.
Es evidente la impotencia de los padres para evitar las dañosas consecuencias de una situación social ya descontrolada, que puede afectar a sus hijos por el sólo hecho de interactuar en dicho contexto social. Ya no se trata de que el chico sea más o menos responsable; el peligro creado por la potente oferta de alcohol y drogas está en el medioambiente inseguro donde se desarrolla la actividad comercial. Eso genera riesgos objetivos, que inexorablemente se cobran más de 3.000 vidas por año. No hay garantías para nadie. Y los adolescentes son imprudentes por naturaleza; de allí su vulnerabilidad.

4º) Usted forma parte de la presentación de un planteo formal para que la Justicia investigue la responsabilidad penal de bolicheros en la venta de alcohol a quienes luego protagonizan trágicos sucesos de tránsito ¿Qué es lo que se pide puntualmente? ¿Castigos más severos para quienes facilitan alcohol?

Parece mentira, pero en nuestro país es noticia que alguien pida por la ley. Estamos así porque ésta prácticamente ha desaparecido del modo de vivir de los argentinos. Y eso también es culpa del Estado, que sólo se impone a los fines recaudatorios, pero no a los preventivos.
El planteo judicial de la Secretaría de Prevención de la Drogadicción a cargo del Dr. Sebastián García Díaz, se basa en la ley penal especial 24.788 de Lucha contra el Alcoholismo, que prevé como delitos tanto el expendio de alcohol a menores de 18 años de edad, como el expendio abusivo a mayores, que provoque resultados trágicos como el de los chicos de Ramona. Las penas, en casos así, llegan hasta los 6 años y medio de prisión, que no es poco. Es una legislación de avanzada, que pone la culpa en cabeza del proveedor del alcohol, no en la del bebedor que a su vez puede terminar matando (con lo cual comete otro delito) o muriendo.

5º) Tengo entendido que maneja un documento, una lista que precisa con nombres y apellidos a 33 personas (sin contar las víctimas de Ramona) que murieron en rutas y caminos de Córdoba a 2008 y lo que va de 2009 cuando regresaban de bailar y se toparon (o viajaban con) un conductor presumiblemente alcoholizado que volvía de un local bailable. ¿Cuál es el promedio de edad de la mayoría? ¿Son más hombres que mujeres?

El promedio de edad es de 20 años. El 60% son varones y el 40% mujeres. Estas últimas casi siempre en condición de pasajeras o atropelladas. Los hombres son más imprudentes al volante que las mujeres. Andan fuerte para presumir.

6º) La ley de Lucha contra el Alcoholismo recientemente promulgada es muy clara, pero ¿los distintos municipios y regiones sancionan a los culpables, los vendedores inescrupulosos?

Decíamos antes que el Estado no hace cumplir las leyes.
Los municipios tienen un defecto común en este sentido: sólo se ocupan de sus propias ordenanzas, olvidándose de que la legalidad es un bloque homogéneo, también compuesto por normas de superior jerarquía jurídica que aquéllas. En su rutina de control, se manejan sólo con las multas y clausuras previstas por las normativas locales, pero esas sanciones no son las que corresponden cuando se atenta contra los bienes “vida” y “salud” protegidos por el derecho de fondo. Si entendieran que también deben bregar por la aplicación de las leyes penales especiales (como la 24.788 sobre alcoholismo y la 23.737 de estupefacientes), serían mucho más eficaces en su tarea de control. Alcoholismo y drogadicción son dos terribles flagelos sociales que exceden sus competencias, por lo cual debemos trabajar en conjunto municipio, provincia y nación.

7º) ¿Los padres que perdieron un hijo en las rutas, se sienten acompañados por el Estado?

Al Estado no lo vimos nunca, ni antes, ni durante ni después de nuestras tragedias.

8º) ¿Y por la sociedad?

La sociedad prefiere no oír hablar de este tema. Le da miedo. Y en su ilusión de que está exenta del riesgo, ante cada nuevo hecho fatal dice por lo bajo:”La culpa fue de los padres” Y nos deja solos con nuestro infinito dolor. Algo así pasó con los judíos durante la 2da. Guerra Mundial, o con los desaparecidos durante la dictadura militar. El miedo es egoísta, sólo el amor es solidario.

9º) ¿Y por los jueces?

Los sres. jueces deberían ser parte de la solución, pero lamentablemente son parte del problema. No hay justicia para las víctimas de la inseguridad vial en La Argentina.

10º) ¿Y qué pasa con quienes perdieron la vida en accidentes relacionados con el alcohol pero se encontraban viajando con un conductor ebrio?

Fueron tan víctimas como cualquiera otra; víctimas de ese conductor ebrio, de las circunstancias públicas que producen la ebriedad masiva de millones de jóvenes cada fin de semana, del Estado ausente que lo permite por no aplicar las leyes, por desproteger las rutas y por poner la policía al servicio de los bolicheros y no de sus víctimas. Murieron por una sumatoria de factores objetivos de riesgo, que no se modifican por simple desinterés de la dirigencia política.

11º) Desde distintos sectores del poder político miden la eficiencia o no de una ley o un programa vial en términos de muertos. Pero ¿ese “éxito” o “fracaso” no deberían medirse en términos de cambios culturales?

La inseguridad vial en La Argentina no es sólo un problema cultural; es también estructural (por falta de infraestructura material adecuada a las necesidades del tránsito actual y falta de control eficiente). Dentro de esta crisis, los accidentes de madrugada de fin de semana, protagonizados por jóvenes, son un capítulo aparte, pues son mucho más previsibles y evitables que los demás, ya que se sabe perfectamente cuándo, cómo y por qué (alcohol) van a ocurrir los siniestros. El dónde es materia de la prevención.
La omisión estatal en el control de la nocturnidad vial es imperdonable. Con controles de alcoholemia a la salida de los boliches se evitarían el 100% de estas tragedias, pero sospechosamente no se hacen. Por eso hablamos de genocidio: es un inmenso Cromagnón de 3.000 vidas por año, por un Estado que duerme mientras los chicos mueren.

12º) ¿El tema pasa por el incumplimiento de las normas o por desconocimiento de las mismas? Aún conociendo las normas se transgreden.

El tránsito en La Argentina es un caos. Pero cualquier hecho social totalmente librado a su propia dinámica degenera en caos. Está faltando el ordenador institucional por excelencia: el Estado.
Se habla mucho de educación vial. Los suecos –que tienen el sistema vial más seguro del mundo- dicen que la educación vial es resultado exclusivo del control riguroso. Nuestra policía caminera lo pudo comprobar cuando incorporó los radares de velocidad; de un día para el otro, todos andaban más despacio; se sentían controlados.

13º) Detrás de cifras y más allá de las estadísticas que permiten comparar y medir resultados de la aplicación o ausencia de estrategias, hay padres, hijos, hermanos y amigos que perdieron un ser querido en un accidente para quienes la vida no vuelve a ser igual. ¿Cómo hizo usted para transformar el dolor en solidaridad? Porque de alguna manera, lo que hace hoy es a favor de la sociedad, para que no se repita lo que a usted le tocó vivir.

A nosotros como familia, nos tocó tomar conciencia de este problema de la manera más brutal posible. De un día para otro, pasamos de la felicidad al horror absoluto. La sola contemplación del cadáver de un hijo, es una experiencia límite para la psiquis de cualquier ser humano. De allí en adelante todo cuesta mucho más, porque abrir los ojos cada día es asumir otra vez el espanto de esa realidad tan cruel, por momentos insoportable.
La conciencia de que cada fin de semana un centenar de padres se va a sumar a esta legión de sufrientes, que muchos otros chicos van a tener el mismo terrible final que el propio, a mí me impidió desligarme del tema. Y cuando entendí que las causas de esta matanza juvenil se pueden resolver con decisión política, doblegando los poderosos intereses comerciales que la producen, no dudé en iniciar esta lucha en la que Ud. me encuentra.

14º) Pese al trabajo realizado, pareciera que siempre es tarde, porque el reclamo se reaviva cada vez que hay una tragedia como la de Ramona ¿Cree que es así?

Así es. Para los miles de chicos que ya perdimos, es definitivamente tarde. Para los miles que están en la lista de espera de la muerte vial, aún estamos a tiempo. Pero debemos hacer oír nuestra voz de protesta como sociedad, tan pero tan fuerte que la escuche el mundo entero. Y nuestros gobernantes, por una vez, sientan vergüenza.
San Francisco, Pcia. de Córdoba, 11 de setiembre de 2009.

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